agosto 02, 2013

escribir es un acto de venganza, leer de liberación


Desde hace más de 10 años que reutilizo distintos tipos de tejido para reestructurar 
y restaurar nuevas y antiguas documentos textiles, "mending sentimental"  
les llamaría Aviv.
Recolectando historias de personas a tráves de las telas desde sus manchas, 
piquetes, plieges, tramas, estampas, quemaduras,
 hongos y hasta oxido, todo esto para mi son códigos.
Influenciada inicialmente por lo único que heredé materialmente 
(ya que lo inmaterial es enorme) 
de mi maestra Madre;
1 libro sobre grafología y 1 chaqueta hilvanada, 
a sido lo suficiente para comenzar mi inquietud 
de escribir y leer historias a tráves de las telas como 
segundas pieles, entendiendo el vestuario como documentos autobiograficos. 
Reconociendo a tráves del soporte textil los antiguos y nuevos feminismos fronterizos.

Llegaba a construir diariamente 2 vestidos por día, 
anidando todas las etiquetas de origenes lejanos 
como manifiesto testimonio contra la terciarización del trabajo.
 Vestidos/libros para quien lo necesitará, recorría mercados, 
recolectores de ropa en la calle, tiendas de segunda mano 
como quien va a la biblioteca a consultar un antiguo libro.
Dentro de esto la experiencia más placentera es 
"desencantarlos de la maldición de la indiferencia" 
cortarlos con rabía y ternura, si, cortarlos en piezas inimaginables,
 reducir sus formas o ampliarlas, transformar el abandono 
y vulnerabilidad a resistentes elementos de protección y empoderamiento.
Y ahí estaban todos estos libros, explicandome la formula de porque 
y como equilibrar esta acumulación injusta de piezas escritas con tanta prolijidad, 
vestidos que refrescaban la rrugosa piel de las abuelas que una vez muertas 
tiraban a la basura, abrigos con capas de grasa en la nuca, 
mangas teñidas de materiales organicos, ropa de trabajo, ropa de día, 
ropa de noche, ropa intima, ropa de paseo, ropa de domingo, ropa de cama.

Vestida de viajera caí en cama despues de muchos cortes de tijera,
 viajes, amores desamores y maquinas de coser en mi espalda. 
Tendinitis llego y durmío conmigo para decirme que debía 
desprenderme por un momento y tomar una pausa para reciclar 
mi propia historia.

De dibujante a costurera, de costurera a recicladora y ahora, 
bordadora de pieles con aguja y tinta, tatuar le llamán, 
tendinitis me explico durante 3 inviernos que no decide 
ni el corazón ni la cabeza, sino que la piel nos guía y determina.
 Como ritual de agradecimiento a este crochet de historias, 
decidi vestirme de lo más fiel que me acompañará, mi piel y para esto 
Simo, una costurera de pieles, me he regalado un corset,  
un corset invisible. 

Creo aún más en la venganza como acto de liberación, 
en la liberación de codigos en las historias escritas por mujeres,  
pero no solamente en la reinvindicación individual, s
ino en la conexión colectiva a tráves de la memoria, 
como si fuesemos parte de un GRAN CROCHET, 
listas para el salto o la caida, da igual, 
la memoria nos sujetará.

" (...) El honor es una cosa de hombre-hombre, 
las y los que no lo somos, tenemos simplemente nuestra dignidad. 
No será la obligación/deber impulsada por algún código 
cultural/religioso/patrialcal que nos haga responer violentamente a la ofensa, 
sino la sed de venganza, una venganza pura y natural
 que nace directamente en las venas, 
sin pasar por los moles de ética o ideas". 


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