enero 31, 2016

juzgar, castigar, perdonar, consolar, reconciliar, bla, bla, bla...






Hilos de la Memoria
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performance
 Doctor D. and me (acá Jess)
2010, Barcelona.

(...) La confesión es un ritual de discurso en el cual el sujeto que habla coincide con el sujeto del enunciado; también es un ritual que se despliega en una relación de poder,  pues no se confiesa sin presencia al menos virtual del otro, que no es simplemente el interlocutor sino la instancia que requiere la confesión, la impone, la valora e interviene para juzgar, castigar, perdonar, consolar, reconciliar; un ritual donde la verdad se autentifica gracias al obstáculo las resistencias que ha tenido que vencer para formularse; un ritual, finalmente donde la sola enunciación, independiente de sus consecuencias externas, produce en el que la articula modificaciones intrínsecas: lo torna inocente, lo redime, lo purifica lo descarga de sus faltas, lo libera, le promete salvación. La verdad del sexo, al menos en cuanto a lo esencial, ha sido presa durante siglos de esa forma discursiva, y no de la enseñanza (la educación sexual se limitará a los principios generales y a las reglas de prudencia), ni de la iniciación (practica esencialmente muda, que el acto de despabilar o de desflorar sólo torna risible o violenta).

Es una forma, como se ve, lo mas lejana posible de la que rige al "arte erótico". Por la estructura de poder que es inmanente, el discurso de la confesión no sabría provenir de lo alto, como en el "Ars Erótica", por la voluntad sobrerana del maestro, sino de abajo, como una palabra obligada, requerida, que por una coerción imperiosa hace saltar los sellos de la discreción y del olvido. Lo que del secreto supone tal discurso no esta ligado al elevado precio de lo que tiene que decir y al pequeño numero de los que merecen recibir sus beneficios, sino a su oscura familiaridad y a su general bajeza. Su verdad no está garantizada por la autoridad altanera del magisterio ni por la tradición que transmite, sino por el vínculo, la pertenencia esencial en el discurso entre quien habla y aquello de lo que habla. En contrapartida, la instancia de la dominación NO ESTA DEL LADO DEL QUE HABLA (pues es él el coercionado) sino del que escucha y calla; no del lado del que sabe y formula una respuesta, sino del que interroga y pasa por no saber. Por último, este discurso verídico tiene efectos en aquel a quien le es arrancado y no en quien lo recibe. Con tales verdades confesadas estamos lo más lejos posible de las sabias iniciaciones en el placer con su técnica y su mística. Pertenecemos, en cambio, a una sociedad que se ha ordenado alrededor del lento ascenso de la confidencia y no en la transmisión del secreto, el difícil saber del sexo. 

"Historia de la Sexualiad", Michelito Foulcaulito, 65-66 pg.